El hurto

En el momento que firmé los papeles del finiquito en mi último trabajo, recuerdo que aun me dijo que habían desaparecido dos portátiles del almacén. Aun tuvo los santísimos ovarios de preguntarme si me los había llevado yo o sabía quién pudiera ser… en fin… como si de haberlo sabido se lo hubiera dicho.

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El último día

Recuerdo que la última vez que pisé ese odioso trabajo, fue para recoger los papeles del finiquito. Fijaros lo buena persona que era la “jefa” de administración que dió órdenes de que cuando yo llegara me esperara en la calle, ni tan siquiera en la puerta. No le venía bien mi presencia se ve… menos mal que para firmar si que me dejó entrar.

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La criba

Recuerdo como nos hicieron pasar por varios exámenes en la empresucha en la que trabajé, hechos por el jefe y la uña de su pie (su hermano de leche), que consistían en ejercicios como si fueran de instituto, para saber si sabíamos los productos que teníamos que vender, si sabíamos como debíamos actuar en según que momento, y un largo etcétera. Por supuesto no había una respuesta idonea sino que tenías que pensar que era lo que ellos querían leer…

Estos exámenes no tenían otra finalidad que el que menos nota sacara, PLAS! a la calle, simplemente porque les empezaba a sobrar gente y no tuvieron otra forma de hacerlo. Mira si se preocupaban y se fijaban por sus empleados que tenían que recurrir a eso para saber a quién tirar.

 

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El curso de formación

La primera idiotez ya fue hacer un curso de formación fuera de horas, ya que nos obligaba a hacerlo en horario de comida, con lo cual no tienes tiempo de comer.

Pero lo mejor y lo significativo para este post fue un día que en lugar de comer cada compañero por su cuenta, todos (excepto uno) decidimos ir al bar con la mala suerte que tal día estaba lleno y los camareros servían como podían.

El caso, que llegó la hora de entrar al curso y estábamos todavía por el segundo plato; el jefe entró por casualidad y nos vió, se mosqueó, echó una supuesta bronca estando en el bar en nuestra supuesta hora de comer, y lo mejor de todo es que cuando llegamos a la oficina dió la orden de que no nos levantaran la persiana, cual niño rabioso, para no entrar al curso de formación.

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El último año

Mas bien una pregunta en forma de reflexión.

¿Cómo es posible que en época de crisis, en una empresa de informática, sean ocho empleados los que decidan irse, y digo irse por propia voluntad, y no hubo ningún despido?

Para que veáis la dictadura y lo insoportable que resultaba estar a las órdenes de un jefe idiota.

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La última cena

Todo empezo cuando los compañeros de la empresa pensamos hacer una cena con los excompañeros, pero claro, como hay algúnos excompañeros que no salieron muy bien parados de la empresa por motivos varios, pues decidimos no decir que se iba a realizar tal cena tanto al jefe como a dos personas más, cercanas a él.

Todo iba según lo planeado hasta que llegó ese fatídico viernes tarde, en el que nadie trabaja porque pensábamos más en la cena que otra cosa mientras el jefe estaba reunido con varios comerciales, y a falta de 5 minutos para irnos sale de la reunión y nos dice a dos compañeros y a mi que nos esperaramos que tenía que hablar con nosotros.

Bien, pues en esa charla, nos obligó a no ir a la cena o el lunes teníamos el despido en la mesa. Sus razones, no quería que pudieramos hablar ni hacer nada con ninguno de los exempleados, que estábamos traicionándole y que se veía obligado a desconfiar de nosotros para siempre.

El resultado, estuvo un mes de poli malo por la empresa intentando averiguar quién fue y quién no fue a la cena para intentar cargárselo.

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El café maldito

Post escrito por: Fitamundo.

En la empresa donde trabajaba, podía disfrutar de 10 minutos al día para salir a tomar café, pero ni que se me ocurriera tomarme un bocata, tenía que comérmelo atendiendo a los clientes mientras masticaba y me caían las migas de la boca.

Fui amonestado verbalmente y por escrito por aprovechar esos 10 minutos y tomar ese café conversando con clientes.

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La zapatera

Post escrito por: María.

Estando este verano trabajando en una tienda de zapatos, el 60% de la gente que entraba en la tienda se iban directos a los escaparates, donde había unos carteles inmensos que ponía “NO TOCAR los artículos del escaparate”.

¿Señor/a, no lee que no se pueden tocar esos zapatos? ¡Ya que esos mismos están dentro de la tienda! Nunca llegaré a entender porque a la gente le cuesta tanto hacer las cosas bien.

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El escaqueo diario

Post escrito por: Admin.

Recuerdo que mi anterior empresa tenía un sobrefondo de gran hermano. Había un desfile casi diario de comerciales y técnicos al almacén para rajar del jefe y su “hermano”. Íbamos de uno en uno y hacíamos relevos, todo ello sin que el jefe se enterara. Además teníamos un duo cómico genial de dos empleados que pasaban mucho rato juntos en el almacén y nos hacían los días un poco menos insufribles contándonos muchos de los secretos mejor guardados (o eso es lo que se creían los jefes) de la empresa.

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Los últimos días

Post escrito por: Fofito:

Recuerdo cuando comuniqué que me iba en la última empresa donde estuve hace ya bastante tiempo.
Tras comunicar mi decisión, a los dos días (todavía tenía los 15 días de márgen para dejar la empresa) y durante una visita a un cliente, recibo una llamada de un compañero (no del jefe) para decirme que esa misma tarde tenía que devolver el móvil de la empresa y que tenía prohibido hacer más salidas a clientes.

Lo mejor viene cuando devuelvo el móvil y me comunica el mismo compañero que me tengo que trasladar de mi puesto de trabajo a la sala de reuniones enfrente del despacho de mi exjefe y no salir de ahí más que a las necesidades primarias hasta que finalice el contrato con la empresa.

Imaginaros la situación de estar dentro de la sala de reuniones acabando la programación de una aplicación y estar “metido” dentro de una reunión con proveedores.

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